MARIE – FRANCE IRIGOYEN
EL ACOSO MORAL
(El maltrato psicológico en la vida cotidiana)
Marie France Irigoyen estudia en este libro la violencia psicológica.
En un mundo como el nuestro, en el cual la violencia física y
la violencia sexual abundan tanto, el maltrato psicológico corre
el riesgo de pasar inadvertido. Mari France explica en este libro
como nuestra sociedad, cada vez más permisiva, cada vez con menos
límites entre lo que está "bien" y lo que está "mal", favorece
indirectamente el acoso moral.
Ella distingue en su libro el acoso privado – dentro de la pareja
o de la familia – y el acoso laboral.
No sólo se da en estos ámbitos, por supuesto, sino en todos
aquellos en que convivan las personas.
El acoso moral – o violencia psicológica – es un atentado a
la integridad psicológica y emocional de una persona, es un ataque
contra su identidad.
El/la agresor/a persigue la destrucción de la víctima. Esta
destrucción puede traducirse en: enfermedades mentales, desestabilización
emocional grave, suicidio,etc.
También puede llevarse a cabo potenciando lo peor que la víctima
lleva dentro de sí. Mari – France llama a estos agresor@s "perversos
narcicistas". Con este nombre define a aquellas personas que
no son capaces de reconocerse a sí mismas como seres humanos,
gente que no ha podido construir una identidad propia. Necesitan
destruir la identidad de l@s demás para sobrevivir. Normalmente
son personas que dan muy buena imagen, ya que su avidez de aprobación
social y de poder no tienen límites. Así, son expert@s en habilidades
sociales y normalmente sólo las víctimas llegan a conocer su lado
oscuro. No tienen inquietudes propias, sus sentimientos sólo giran
en torno a ell@s mismos. Son un gran vacío que intenta llenarse
con estímulos externos y para ell@s la destrucción de los demás
es una necesidad. Así como el tigre necesita matar para comer,
el/la "perverso narcicista" necesita humillar y aniquilar para
elevarse a sí mism@ . Se alimentan de los conflictos, y
les es muy grato manipular a los demás para que se enfrenten entre
sí. El acoso moral se produce en un lenguaje totalmente
indirecto. El/la agresor/a siempre puede negar la agresión.
Esta se traduce en alusiones, insinuaciones y sobretodo con el
lenguaje no verbal. El lenguaje no verbal pertenece al registro
de lo intuitivo o sea, de lo que normalmente no se nombra.
Actualmente se incide mucho en la significación de los gestos,
actitudes, miradas, sonrisas. Sin embargo, así como resulta lógico
defenderse ante un empujón o un insulto, poca gente se defiende
de una mirada despreciativa, de odio, o una sonrisa llena de burla.
Se sabe que el 80 % del significado de las palabras nos lo da
precisamente lo que no se dice. Cuando la agresión se realiza
con palabras, normalmente no estriba en lo que se dice sino en
cómo se dice, ante quien se dice y qué sentido tiene. El/la agresor/a
sabe manejarse en un contexto ambiguo. Un abrazo lleno de afecto,
un beso, un elogio – dependiendo del contexto – se combinan con
miradas cargadas de desprecio, odio o frases aparentemente inocentes
destinadas a minar la autoestima de la víctima. Esta ambigüedad
busca que la víctima no sea capaz de localizar la agresión, de
percibirla y por lo tanto, no sea capaz de defenderse ante ella.
La autora distingue dos fases del proceso de acoso:
La primera, la llama seducción. El/la agresor/a actúa
como lo que en realidad es, un/a depredador/a: examina a la víctima,
localiza sus puntos débiles, sus inseguridades, sus posibles traumas
– si la conoce de manera personal . Mientras hace esto se muestra
como una persona encantadora o como una persona indefensa. Capta
a la víctima, la atrae a su juego, ya sea mostrándose como una
persona muy sabia o como una pobre víctima necesitada. En esta
fase el/ la agresor/a extiende sus redes: el fin es crear un
área de influencia en torno a la víctima para conseguir manipularla.
La manipulación ya es una agresión en sí misma. Ejemplos de manipulación
son crear dudas sobre el propio comportamiento, sobre las capacidades
de cada cual, intentar incidir sobre los sentimientos de los demás...
Esta manipulación da una clara sensación de poder: los demás son
títeres a los que pueden manejar como se les antoje. No sólo las
víctimas son títeres, sino todas las personas que les rodean,
pues para el/la "perverso narcicista" l@ s demás no existen en
cuanto a un "sí mismo" sino sólo en relación a ell@s. No sólo
se relacionan con l@s demás con criterios de utilidad, sino también
y sobre todo con criterios de apropiación.
La segunda fase es la fase de violencia: se produce cuando
la víctima ve su posición de víctima. Percibe la agresión y la
reconoce. Entonces el/la agresor/a pone en marcha su maquinaria
destructiva. Aquí ya no busca la manipulación, pues la víctima
se ha sustraído a su influencia, sino la destrucción del otro/a.
En esta fase la víctima siente miedo y el/la agresor/a rabia fría.
El miedo desestabiliza en gran medida, ya que las personas necesitamos
seguridad. Otra consecuencia peligrosa del miedo es que produce
ira como mecanismo de defensa. La ira es positiva en cuanto permite
expresar la rabia contra el/la agresor/a, pero es nociva en cuanto
respuesta de la víctima hacia ést@ .
La violencia psicológica tiene un gran problema: no deja huellas
y la experiencia vivida es difícilmente explicable. Así como el/la
paranoic@ cree que alguien intenta aniquilarle, la víctima puede
parecer paranoica incluso ante sus propios ojos y no digamos ya
ante los ojos de los demás. Es muy importante que la víctima
confíe en sus propias percepciones para evitar este riesgo.
Existe también otra tendencia que perjudica a la víctima: la
sociedad tiende a afirmar que si se produce una agresión es por
alguna causa. Si alguien exhibe su riqueza, es normal que le roben,
si una mujer exhibe su cuerpo, es normal que la violen, si alguien
es agredido será "por algo". Así la víctima tiene a culparse,
a examinar su actitud, a intentar saber que ha hecho para recibir
semejante trato. Lo cierto es que no ha hecho nada. Es culpable
de ser como es y de provocar con su personalidad los instintos
apropiadores del/ la "perverso". La agresión es independiente
de la conducta de la víctima. Haga lo que haga, el/la agresor/a
lo interpretará como un ataque contra él/ella.
Evidentemente, toda persona comete errores, sin embargo la violencia
psicológica no tiene justificación real alguna.
L@ s "perversos narcicistas" están muy cerca del delirio paranoico
y así interpretan la conducta de la víctima como un ataque contra
ell@s. Las víctimas de acoso moral suelen ser personas con tendencia
a culparse a sí mismas, personas inseguras que exhiben sus cualidades
por su misma inseguridad, demasiado indulgentes con el comportamiento
de los demás y exigentes con el propio, personas creativas, imaginativas,
ricas, en suma, de cualidades interiores. El/la agresor/a desea
estas cualidades para sí, pero como no es capaz de cultivarlas
en sí mism@ necesita destruirlas en la víctima. Y los puntos
débiles de la víctima le permiten su agresión, que una persona
más segura de sí misma o menos condescendiente no toleraría.
En los capítulos finales del libro Mari France aconseja defenderse
del acoso moral de distintas maneras según sea el contexto de
la agresión, según se produzca en la vida privada o en el trabajo.
La víctima se sentirá tentada a agredir al/la agresor/a. No
debe hacerlo. Si la víctima se convierte en una "mala persona"
el "perverso narcicista" no sólo habrá ganado, sino que se sentirá
justificad@ . Además, seguramente la víctima perderá en la
confrontación, pues si está en posición de víctima no llegará
a los grados de malignidad de que es capaz el/la agresor/a.
Si la agresión se produce en un contexto familiar, la separación
es la única alternativa, ya que el/la "perverso narcicista" no
parará nunca. Si el agresor/a es la pareja, hay que intentar acumular
pruebas – cartas, postales, testigos – para intentar probar la
violencia ante la justicia.
Si se produce en un contexto público, una vez identificada la
agresión, además de intentar acumular pruebas, hay que prepararse
psicológicamente: no responder de maneras agresivas, no ceder
ante el impulso, en suma, desarrollar un control emocional y un
autodominio ejemplares. Es necesario que la persona agredida reciba
ayuda psicológica, para que pueda resistir la agresión. Si no,
la única salida será abandonar, ya sea el trabajo, ya sea la actividad
que realice
. La violencia psicológica es muy difícil de detectar. Puede
producirse en público y que sólo la persona agredida perciba la
agresión. Por eso es necesario que no responda. Si lo hace, se
la considerará desequilibrada o violenta. La víctima necesitará
estar en alerta constante y su único recurso es tener un comportamiento
irreprochable. La víctima debe luchar contra su sensación de impotencia
e indefensión. Existe una agresión muy real y debe defenderse.
Si el/la agresor/a ve como fracasan sus intentos, empezará a equivocarse.
Cada caso es un mundo y cada persona es distinta. No es lo mismo
sufrir una agresión de este tipo en la vida privada o en el trabajo.
No es lo mismo sufrirla en la infancia por el padre o por la madre
o a una edad adulta. Cada persona además tiene recursos distintos
para protegerse y / o defenderse. El tiempo también es importante:
no es lo mismo una agresión de meses o de años. Eso sí: la
violencia psicológica deja secuelas graves en la persona que la
ha sufrido, puede llegar incluso a ser traumática ya que esta
agresión primero es una violación mental, después, un intento
de asesinato psíquico y es sólo intento cuando fracasa.
Para concluir incidiré en los siguientes puntos:
Existe una víctima y un/a agresor/a. La agresión no responde
a motivos reales sino a un deliro, a una necesidad de destruir
lo que no se puede tener. Se desean normalmente cualidades personales:
iniciativa, inteligencia, sensibilidad, bondad. El/agresor/a
no concibe a l@ s demás como personas. No siente remordimiento
ninguno. Ante sus ojos, es la víctima quien pretende destruirl@
.
La violencia se manifiesta en dos fases: la manipulación y la
violencia en sí. Esa violencia es una necesidad. El "perverso"
necesita víctimas para sobrevivir. Ante l@s que no son elegidos
como víctimas, su conducta es irreprochable. El "perverso",
una vez iniciado el ciclo de violencia, no parará nunca. Evitará
siempre la confrontación directa. Culpará, indirectamente,
a la víctima. Es muy difícil probar la violencia psicológica.
La única alternativa en la vida privada es la separación. En la
vida pública, el autodominio y el control emocional o el abandono.
La agresión se produce de maneras indirectas, pulsando los resortes
débiles de la víctima. Se pretende su corrupción o su destrucción.
Proceso de defensa: identificar la agresión, creer
en las propias percepciones, pedir ayuda psicológica adecuada,
poder hablar de lo que ocurre con personas de confianza que crean
la realidad de la agresión. Control emocional.
La agresión de los "perversos narcicistas" se produce fundamentalmente
con los ojos, con la mirada. La voz, los gestos, son añadidos,
preparativos. Los ojos son su arma fundamental. Si sufres la agresión
de una de estas personas recuerda: No les mires a los ojos. Hay
una cualidad de la víctima que es la que le da el poder al agresor.
La capacidad de empatía. Así el/la víctima se ve a sí misma
con todo el desprecio y el odio del agresor/a. Por eso la desestabilización
sufrida es tan grande.
L@s perversos narcicistas disfrutan sacando lo peor que las
personas llevamos dentro.
Por eso mantenernos en nuestra propia integridad personal,
en nuestros valores, es la única manera de derrotarles.
Marie-France Hirigoyen (2000)
El acoso moral.
El maltrato psicológico en la vida cotidiana.
Paidós: Barcelona